Con apenas 14 años de edad y próxima a cumplir 15 en febrero, una joven judoca que cursa la secundaria en la escuela Manuel de los Ríos Cárdenas, conocida como la Revolución, comparte una historia que refleja disciplina, valores y una profunda pasión por el deporte del judo.
Al hablar de por qué eligió el judo, reconoce que no es una pregunta sencilla de responder. Más allá de la amistad o la felicidad que cualquier deporte puede brindar, el judo se convirtió en su pasión porque le enseñó principios y valores que trascienden la competencia. En las artes marciales, estos valores se inculcan desde edades tempranas y se aplican no solo en el tatami, sino también en la vida diaria.
El año 2025 representa para ella un periodo cargado de nostalgia, al marcar su último año en la categoría infantil. Desde sus inicios a los seis años, cuando no conocía siquiera las categorías, hasta hoy, puede mirar atrás y resumir su etapa infantil con un balance positivo: seis medallas nacionales, sin contar preseas regionales y estatales. Logros que llegaron acompañados de sacrificios, dudas y entrenamientos diarios de tres a cuatro horas, pero también de la convivencia con personas que terminaron siendo como una familia.
La rutina del alto rendimiento implica llegar tarde a casa, cumplir con tareas escolares, descansar y volver a empezar. Aun así, mantiene claras sus metas: clasificar a competencias internacionales infantiles, al Campeonato Panamericano Infantil y, a corto plazo, buscar un lugar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Escolares, además de alcanzar medallas en la Olimpiada Nacional CONADE. A largo plazo, su mayor sueño es conquistar una medalla olímpica, no como un punto final, sino como parte de una trayectoria que incluya su formación universitaria y, en el futuro, la creación de un dojo de iniciación para transmitir valores a niñas y niños desde temprana edad.
En lo académico, su desempeño es ejemplar. Actualmente cuenta con promedio perfecto de 10 y excelencia académica, además de participar en olimpiadas de matemáticas, oratoria y declamación, demostrando que el deporte y el estudio pueden ir de la mano.
Uno de los recuerdos más significativos de su carrera está representado en dos camisetas utilizadas en competencias en Perú, en 2023 y 2025. En ellas guarda mensajes y deseos escritos por su familia, entrenadores, compañeros y amistades internacionales, reflejo de los lazos que el judo le ha permitido construir más allá de fronteras.
Aunque el judo es considerado un deporte individual, la atleta reconoce que sin su familia y su entrenador nada sería posible. Su madre, hermano, abuelo y tíos han sido un pilar fundamental, apoyándola en traslados, competencias y en los momentos difíciles. De igual manera, destaca la figura del entrenador, quien no solo forma atletas, sino personas, acompañándolos en los bajones emocionales y enseñándoles a levantarse y seguir adelante.
“Somos de donde vamos a festejar”, comparte como una de las frases que más la han marcado, resaltando que los logros se celebran primero con quienes estuvieron presentes en el camino. Su historia es un ejemplo de cómo el deporte, cuando se vive con pasión y valores, puede formar no solo campeones, sino seres humanos íntegros.






